Entre la adolescencia y los 25 años
Una rutina que comienza simple
El cuidado antiedad no empieza cuando aparecen los primeros signos de edad. Comienza mucho antes, con algo tan sencillo como aprender a limpiar y cuidar la piel.
Durante la adolescencia y hasta los 20 años, la prioridad es construir buenos hábitos:
- Limpieza adecuada
- Hidratación
- Protección solar
- Activos que ayuden a mantener la salud de la piel
Rutina Básica
La limpieza de la piel es el punto de partida para una rutina diaria. A continuación, se debe aplicar una crema que aporte hidratación y que ayude a reforzar la barrera cutánea, esto hará que tu rostro se vea luminoso y sin exceso de oleosidad. Aunque pienses lo contrario, una piel grasa también necesita que la hidraten. El protector solar es un imprescindible para todas las edades y todos los días.
En paralelo, el uso de un tónico como segundo paso de la limpieza, es decir, antes de la aplicación de la crema hidratante, ayuda a equilibrar y revitalizar la piel.
Activos Específicos
A medida que avanzan los 20, pueden incorporarse activos específicos según las necesidades de cada piel. La niacinamida, por ejemplo, puede complementar la rutina cuando aparecen preocupaciones como exceso de oleosidad, poros visibles, textura irregular o falta de uniformidad.
Después de los 25 años, comienzan a hacerse más visibles algunos cambios. La piel puede verse más cansada, perder luminosidad y recuperarse más lentamente frente al estrés, la falta de sueño o las agresiones ambientales. Es el momento de pasar de una rutina enfocada, principalmente, en mantener la piel equilibrada a una que también busque prevenir y potenciar su vitalidad y atrasar los signos del envejecimiento.
Para lograrlo, los sueros de niacinamida, vitamina C y una crema de contorno de ojos, son un gran aliado. Además, según las necesidades y tolerancia de cada piel, pueden incorporarse fórmulas orientadas a mejorar la renovación celular mientras duermes. La idea no es adelantarse innecesariamente a sumar más productos y activos, sino acompañar los cambios con los activos adecuados y, sobre todo, con constancia.