Piel madura: a partir de los 40 y más años
La piel cambia a lo largo de la vida. Sus necesidades no son las mismas después de los 40 años, pero hay algo que permanece: todos los días nuestra barrera cutánea está expuesta a factores que alteran su equilibrio.
El paso del tiempo, los cambios hormonales, los radicales libres, el estrés oxidativo, la contaminación, la radiación solar, el ritmo de vida, el uso de productos inadecuados, la inexistente producción de colágeno, afectan la capacidad de la piel para mantenerse sana, hidratada, luminosa y de aspecto joven. Con los años, esto puede traducirse en pérdida progresiva de hidratación, elasticidad y firmeza, además de cambios en la textura y luminosidad.
En ŌKAMI Skincare creemos que el cuidado de la piel tiene etapas. Entender qué necesita en cada momento permite elegir los activos adecuados y construir rutinas eficientes, sin desatender algo fundamental: su equilibrio.
Nuestra propuesta para lograr una piel rejuvenecida:
- Fórmulas Antiedad: La combinación de activos en cada producto de piel y pelo, está hecha para potenciar la estimulación de los fibroblastos, células protagonistas en la producción del colágeno y elastina que necesitamos para mantener la lozanía y juventud.
- Neurocosmética: Tecnología de punta que conecta con los terminales nerviosos de la piel gracias al activo Sugicare™, para enviar la señal de generar emociones positivas y de calma, mejorando además la acción antioxidante de las células.
- Japanese Complex™: Complejo japonés que refuerza la microbiota cutánea gracias a los prebióticos y alga nori, equilibrando el ph y fortaleciendo la barrera de la piel, primer escudo contra las agresiones externas.
- Clean Beauty: Cumplimos con altos estándares europeos de “belleza limpia”, con fórmulas libres de ingredientes tóxicos: sin sulfatos, sin parabenos, sin conservantes, ni preservantes dañinos para la piel y nuestro organismo.
Después de los 45 años: una rutina antiedad más consciente
A partir de los 45 años, la piel puede experimentar alteraciones más evidentes. Los cambios hormonales favorecen una mayor sequedad y sensibilidad, mientras la pérdida progresiva de elasticidad y firmeza puede hacer que la piel se vea menos luminosa y con una textura diferente. En esta etapa, la rutina debe enfocarse en hidratar, proteger la barrera cutánea, aportar activos antioxidantes y acompañar los procesos de renovación, siempre respetando la tolerancia y las necesidades individuales.
La limpieza sigue siendo el primer paso, ya sea con un gel limpiador o con agua micelar, lo importante es retirar el maquillaje e las impurezas. El uso de tónico es sumamente recomendable como etapa final del paso de limpieza porque complementa la rutina aportando equilibrio y revitalización.
Luego es el turno de los sueros. La niacinamida ayuda a mejorar la apariencia de la textura y uniformidad de la piel, mientras que el retinal está orientados a la renovación celular nocturna, ayudando a mejorar la textura y la firmeza. Para el contorno de ojos, una crema específica entrega un cuidado a esta zona sensible y delicada, donde los signos de cansancio y de la edad deben ser tratados con activos como Ácido Hialurónico y Vitaminas K y C. Para sellar tu rutina de día aplica una crema hidratante que te ayudará a conservar el agua en tu piel y cuidará tu barrera cutánea. Por su parte, para sellar la rutina de la noche puedes incorporar fórmulas renovadoras nocturnas con AHA.
El resultado buscado es una rutina estratégica, constante y adaptada a lo que la piel necesita en esta etapa.